tal vez esta fue una de las visitas más emocionales desde que llegué aquí, la verdad es que no me había preparado mentalmente para lo que iba a ver, y por lo tanto no tenía ninguna expectativa al respecto. Duramos una hora más de lo planeado en llegar, ya que las construcciones en Río están a todo lo que dan para tener la ciudad lista para el Mundial y las Olimpiadas. Los guías preguntaron montones de veces a gente que veían en la calle si sabían donde estaba el cementerio que había sido encontrado de manera reciente. Y nadie sabía como llegar, una hora después alguien finalmente supo a donde es que teníamos que ir, y encontramos el cementerio.
A donde llegamos parecía una casa regular, con unas esculturas de mujeres criolas, y pinturas de hombres y mujeres de color en Brasil. Nos recibe una mujer de unos 50s años, súper amena, agradable e invitandonos a pasar y tomar asiento. Y yo empecé a caminar por la casa, y quise entrar al cuarto que estaba a un lado, y la señora me dice, espera, espera, que vas a arruinar la sorpresa.... Y me dije a mi misma, cuánto a que este lugar no vale la pena, y nomás nos trajeron mmmm, para matar el tiempo, equivocación.
Lo primero que nos dijo la señora fue, antes que nada quiero decirles, que yo soy hija de europeos, y como crecí toda mi vida en Río, siempre me creí sin problema el discurso oficial de que en Río no existe discriminación racial, pero esa es una gran mentira; sin embargo, tuvo que pasarme todo esto, para darme cuenta como son en realidad las cosas.
La historia comienza cuando en 1994 ella y su esposo deciden renovar la casa, y es entonces que encuentran el montón de huesos, los albañiles le llaman al trabajo para que viniera a ver lo que estaban encontrando al escarbar. Cabe resaltar que ni siquiera habían escarbado dos metros cuando se empezaron a encontrar los huesos. En un principio ella pensó que eran de las mascotas del dueño anterior de la casa. Sin embargo, al seguir excavando, el número de huesos que estaban encontrando eran demasiados como para ser solo de las mascotas de la familia. Y es cuando se encontraron un cráneo, que ella se dio cuenta, que esos huesos eran humanos.
Llamó al que era presidente de la asociación de vecinos, y le contó lo sucedido, y es ahí que hablaron de que en tiempos de la colonia, había un cementerio de esclavos cerca de su casa, y resultase ser, que éste estaba mucho más cerca de lo que inicialmente habían pensado.
Cuando contactó a las autoridades para hacerles saber del hallazgo, es que se dio cuenta de la discriminación existente. A las autoridades, en los tres niveles, local, estatal y federal, les importaba un bledo el cementerio, porque (según ella) era de negros que habían sido esclavos, entonces, no tenían intención alguna de invertir dinero en iniciar trabajos de excavación. Lo que inició como una reconstrucción de casa, de pronto se convirtió en un cambio total de vida para esta señora. Compró la casa de al lado con la intención de abrir un centro para tener un espacio donde pudiera recibir gente y contarles de lo que había pasado; y así poder a dar conocer un pedazo de la historia Brasileña que no se encuentra en los libros de texto.
Y después de esa charla finalmente pudimos pasar al cuarto donde a menos de dos metros bajo el piso, puedes ver aún muchos de los restos que están ahí, todos los huesos que te puedas imaginar están ahí. Y nosotros no hubieramos podido verlos, ni entender esa parte de la historia si esta mujer no hubiera tomado como misión personal el abrir este centro y hacerlo saber a todos.
Pero la cosa es, que aunque me sentí bien triste con lo que vi, y casi me dan ganas de llorar, me sentí con cero derecho a hacerlo, ya que hay cuatro compañeros de color, y siento que jamás, ni en pedo voy a experimentar lo que es ser una persona de color como ellos. Entonces, si me ponía casi a llorar ahí, sería como robarles algo.... Pues no sé que haya sido, pero lo que sí, es que no permití llorar ....
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