Saturday, May 12, 2012

Paulo de São Paulo

Creo que lo primero que noté de él fue el saco color rojo encendido con botones dorados que parecía haber estado de moda en los 80’s, después el pantalón a cuadros cafés, de esos que usamos los mexicanos como uniforme en la primaria; o las sandalias verdes raídas, tan raídas que parte de su talón estaba totalmente expuesto. O pudo haber sido el afro enorme que se acomodaba cada rato para quitarse el pelo que le molestaba de repente los ojos. Y por último la cámara fotográfica; estoy segura que la cámara era muy parecida a la mía, una Nikon D3000, pero la de él estaba totalmente cubierta en masking tape.
Mientras yo seguía observandole, él empezó a subir su equipaje al compartimiento de arriba del avión, dos costales de sal amarrados de tal manera que nada se saliera de ellos. Justo cuando cierra el compartimiento de las maletas, se acerca una azafata y le dice que su asiento es el 4F, justo a un lado mío, yo estaba sentada en el 4E. Me sonríe, pide permiso para pasar en perfecto español, se sienta, y como le tocó junto a la ventanilla, empieza a admirar el paisaje.
Yo, por mi parte, decido sentarme en el asiento 4D, que estaba vacío, para no tener que estar codo a codo las 6 horas que dura el vuelo. Me tapó la cabeza con el rebozo que traía (los que me conocen, saben que esta última oración, esta llena de sentido metafórico, pero es de esas veces que también es una expresión totalmente literal), y me duermo.
Despierto, y lo primero que hago es mirar la hora en mi reloj, me molesto montones conmigo cuando me doy cuenta que solo dormí una hora, qué haré las cinco horas restantes? me pregunto, leer el libro acerca de Grounded Theory que mi adviser me dijo que es necesario que lea antes de que edite mi tesis, o me pongo a escuchar música en mi iPod. Pero en lugar de eso me pongo a observarle, esta tratando de tomar fotos de las nubes, y yo aprovechando que la cámara tiene una pantalla bastante grande, empiezo a fijarme a lo que le esta tomando fotos. No me preocupé mucho de que me viera, ya que pensé que él estando tan concentrado, no se daría cuenta de que estaba tratando de ver por la ventana a través de su cámara.
Y en eso, voltea y me cacha, obviamente me sonrojo, y él me dice, hola, quieres ver?, te quieres sentar acá?, y yo inmediatamente le digo que no gracias, y hago la seña de que volveré a dormirme. Él ignorandome por completo, me empieza a preguntar de mí, y me dice de él, se llama Paulo, tiene 35 años, es de São Paulo, y viajo por toda Latinoamerica los últimos 18 meses tomando fotografías de los paisajes y de como se ensuciaban sus pies mientras caminaba por todos estos países (Me molesta admitir que él ha visitado más lugares en México de lo que yo he tenido la oportunidad de hacerlo). Y ahora estaba regresando a su ciudad natal a montar una exposición con las que él considera son sus mejores fotografías
Y de pronto, sin darme cuenta, ya han pasado las seis horas del vuelo, y estamos esperando en la aduana de Lima para poder tomar el siguiente vuelo, y me cachó lamentandome, quiero que vuele a Rio conmigo, que no se vaya a São Paulo, sino que se quede conmigo. Y me emociona la idea tonta de que sea él el que me lleve a conocer Río, y no una guía turística.
Nos sentamos los dos en la misma sala de espera, mientras me sigue mostrando alguna de las fotos que tomó en el camino, y me dice que le dé mi correo electrónico, que me escribirá en dos días (cosa que no ha hecho, y la verdad, no creo que haga), para preguntarme si alguien me ha confundido por gringa, o sí solo al verme han adivinado que soy mexicana, y cuando hago cara de angustia ante tal comentario, se ríe y me dice, Usted tiene que aceptar que esta bien Americanizada, y le digo que no ha podido decirme peor insulto, y se sonríe de nuevo, y me dice, esa es la verdad, usted parece gringa, mientras se ríe en mi cara.
Anuncian que pronto empezaremos a abordar mi vuelo, y unos minutos después anuncian también el de él. Y me dice, creo que me tengo que ir, le digo que le vaya bien, y me dice, déme un beso, mientras me besa en la mejilla. Y le veo alejarse. Y de pronto el viaje a Brasil se ve tan prometedor, me encanta la idea de lo que viene, si todos son la mitad de lo agradable que fue él, este viaje va a ser divino.

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