Irme de Ames pensé, sería más sencillo de lo que los demás creían, tenía una aventura delante mío que me detendría de llorar cual Magdalena. Que si me conocen, entonces saben que he evitado las despedidas, prefiero no decir adiós a un amig@ que tener que enfrentarle el día que se va, y que al mirarle a los ojos para decirle adiós, me quede esa sensación de que tal vez es posible que no le vuelva a ver jamás, y así de pronto, empiece a llorar. Que yo para llorar soy buena, parece que hay una fuente dentro de mí, para llorarla ante cualquier oportunidad.
Fue entonces que decidí que yo no lloraría en mi despedida, y que trataría de despedirme de la menos gente posible.
El error fue (error en mi plan, no error por otra cosa), reunirme con compañeros y amigos para festejar que medio me gradúe, mientras disfrutabamos de un puerco asado que adornaba la mitad de la fiesta.
Y fue entonces, qué decidí que quería irme a casa antes de que todos se fueran de esa fiesta, porque así no tendría que despedirme de uno a uno de todos los amigos que se quedaban en Ames, y entonces mi plan falló de manera miserable.
Y jaaaaaaaaa, que plan tan fallido; lloré y lloré por todo, por lo que dejaba y por lo que me llevaba, por lo que reí y por lo que lloré, por lo que aprendí y también desaprendí, y lloré por la kaya que se iba de Ames, que era tan diferente a la kaya que llegó de Colima para estudiar la maestría en ISU.
Dejar atrás Ames para empezar un nuevo ciclo me emociona montones, pero aún el pensar en que he dejado Ames, hace que se me llenen de lágrimas los ojos, y que me entré nostalgia.
Gracias por dejarme ser parte de su vida, gracias por haber hecho de mi vida en Ames, una de las mejores experiencias que he tenido.
Les estoy eternamente agradecida
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